Por: Mayori Soto Huaira, Museo de Historia Natural, Universidad Nacional de San Agustín- MUSA, Arequipa, Perú

Me encontraba sentada en el avión, pensando en muchas cosas, nerviosa por cómo sería mi primer viaje internacional. Era la primera vez que salía de Perú y no podía tener mejor destino que Costa Rica. Ya en migraciones, la señorita muy amable me pregunto el motivo de mi viaje, la respuesta: vengo al curso de Ecología Tropical y Conservación de la OET.

He querido venir a este curso desde hace tres años, y finalmente me aceptaron para ser parte de la promoción 2020-2. El curso empezó con las presentaciones, los “a que te dedicas”, las conversaciones formales y el cómo te enteraste del curso. En mi caso, fue por amigos que lo habían llevado tiempo atrás y que lo recomendaban mucho.

Todo aquel que llega a la OET coincide en que hay un antes y un después del curso de “Ecología Tropical y Conservación”…

Fuimos 16 latinos, de 9 países con ganas de aprender y disfrutar las seis semanas que teníamos por delante. Donde visitaríamos 6 estaciones, que pondrían a prueba nuestras capacidades, paciencia y ganas de seguir adelante.

Este curso, tiene muchas fortalezas, la más importante es que te ayuda a salir de tu zona de confort, ya que realizas trabajos en diferentes ramas, pasando desde restauración, interacción planta- animal, bio-acústica, arañas, comunicación audiovisual, comunicación escrita y conservación. Descubres por ejemplo, que las hormigas león, no son hormigas sino larvas; o que, hay hormigas que defienden la planta donde viven, que algunas aves prefieren hacer sus nidos con hongos, lo importante que es trabajar con las comunidades y que hay maneras distintas de dar a conocer la ciencia mediante documentales, fotografía o escribiendo noticias.

Otra fortaleza del curso, es el aspecto social. Durante este tiempo convives con personas  de diferentes personalidades y creencias, aprendes a trabajar en grupo y respetando sus opiniones. Todos llegamos al curso con el mismo objetivo: cumplir nuestras metas y llegar tan lejos como nos lo propongamos. Y este curso, te da las herramientas para que lo realices.

Todo aquel que llega a la OET coincide en que hay un antes y un después del curso de “Ecología Tropical y Conservación”, tanto en lo académico como en lo personal.

Gracias a todos por todo

Por: Sebastián Gutiérrez, Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado, Bolivia

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

 A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

–E. Galeano, El libro de los abrazos–

Eduardo Galeano no pudo expresar de mejor manera mi experiencia en este curso. Cada persona con la que compartí este increíble viaje, compañeros y profesores, ha sido eso, un mar de fueguitos. Cada una de ellas ha sido una pieza fundamental en cada momento vivido, en lo académico y en lo social. Me llevo un pedacito de cada uno, un consejo de un profe, un chiste de alguien y las grandes enseñanzas que me brindaron. No puedo estar más agradecido con la vida por haberme dado la oportunidad de estar aquí compartiendo en la misma aula con personas que solo había leído en artículos científicos y que no pensaba que podría llegar a conocer, rock stars de la ciencia.

Vine con las expectativas creadas por charlas y entredichos de compañeros y profesores ex-alumnos del curso y en su momento me lo recomendaron. Han sido cortos los días pese a haberlo pasado la mayoría del tiempo despierto y hoy en la última cena del curso me inundan las emociones al mirar en retrospectiva estas seis semanas y tratar de encontrar un adjetivo que describa lo que ha sido para mí este curso, simplemente ha sido indescriptible. ETC 2020 deja en mí muchas enseñanzas, mucho conocimiento, pero sobre todo mucha motivación para seguir en el camino de la ciencia y la conservación. ¡Gracias a todos por todo, a echarle miel!!!!!!

La productividad que se descubre

Un año más, un curso más… cada curso es un mundo diferente y cada uno tiene su encanto. Pero hay algo que siempre es un común denominador: La productividad.

100% de los asistentes al curso aseguro que no sabían que era posible producir tantas preguntas, hipótesis, toma de datos, análisis, presentaciones y reportes escritos en tan poco tiempo. Pero así es.

Sin embargo, todo lo anterior se basa en actividades académicas. Para mi siempre lo más impresionante es ver el proceso en el que 16 personas biólogas inician un taller de comunicación de ciencia a través de videos. Este taller no son semanas, son 3 días… el día 1 de 3 ninguno realmente sabe el valor y calidad de lo que van a aprender, comunicar y entregar al día 3.

Este año, los temas de las producciones fueron tan variadas y diversas como los estudiantes del curso. Un rasgo característico de Ecología Tropical y Conservación.

Tres grupos de trabajo se formaron, uno decidió comunicar el trabajo y los alcances del Proyecto valores. El Proyecto Valores, de la Organización para Estudios Tropicales junto a las comunidades de Sarapiquí, busca restaurar bosques al mismo tiempo que propone alternativas económicas sostenibles.

El segundo grupo optó más bien por traernos a la vida cotidiana al pequeño mundo de las hormigas. Todo esto a través de un personaje ficticio: Piqui

Y el tercer grupo más bien nos enseño que a pesar de la importancia de los insectos, 40% de sus especies están desapareciendo.

PROYECTO VALORES

UN MUNDO A OTRA ESCALA

UN PEQUEÑO GRAN MUNDO

 

 

Saliendo del Nido

Por: Rhayza Cortés, Universidad Mayor de San Andrés, Bolivia

En general yo estoy como un metro o metro y medio detrás de ella, me distraigo con algunas telarañas o alguna florcita. Ella ladea la cabeza un poco mientras contempla el precipicio, mientras transmite infinito amor por el bosque, que de alguna manera, nos ha formado a ambas. Entonces el rostro se le ilumina y los ojos se le ponen brillosos. Antes creía que era porque recordaba cosas, después entendí que hace eso cuando tiene una nueva idea y su mente empieza a maquinar más rápido de lo que yo puedo tomar una foto.

…pero sobre todo aprendí que para seguir esta profesión, mi prioridad debe ser la ciencia y que si estoy aquí debe ser con amor.

Recuerdo siempre nuestro primer viaje, los diálogos, los aromas y la inmensurable belleza de nuestro amado Sillutinkara, el paisaje verde, lleno de florecitas y miles de cantos de aves a mi alrededor y caminando a mi lado me enseñaba a que especie correspondía cada canto. Jamás habría pensado que ese viaje me cambiaría por completo la vida y me permitiría convertirme en lo que hoy soy. Recuerdo como siendo tan “wawita” todo me parecía maravilloso, todo me alegraba de sobremanera y aunque ella había recorrido ese sendero miles de veces, se emocionaba igual al empezarlo como al llegar al final. La felicidad de hacer lo que ama hacer, ha sido mi inspiración desde ese momento.

A miles de kilómetros de distancia de mi país, estando a diario y a cada minuto exigiéndome más y más, entiendo cuan valioso es aprender, pero confirmo por completo lo importante que es enseñar. Desde la forma en que miran y respiran, cuando corrigen y enseñan, cuando escuchan y apoyan, cuando dejan de ser profesores y se convierten en mentores. Jamás había visto lo valioso que es enseñar, la responsabilidad que esto significa, pero sobretodo el amor que requiere para lograrse y hacerlo bien.

Entre todos mis arrebatos e ideas sueltas, ella las hila poco a poco y con mucha paciencia, se sienta a mi lado y me enseña poco a poco también como puedo empezar a hilarlas para darles forma o formas. Me permite siempre volar muy alto, recordándome que debo pisar tierra pero jamás me ha cortado las alas. Me mira siempre a la par y me ayuda a subir esta gran montaña a la que nosotros nos aventuramos y le llamamos ciencia. Jamás me ha hecho sentir que soy menos, me enseñó que siempre debo ser más.

Estoy donde estoy porque me dio el mapa y las indicaciones para llegar, porque recorrió este camino al derecho y al revés y ahora ha empezado a crear sus nuevos caminos, en los que enseña, apoya, motiva e inspira. Me dio las pautas, me abrazó con sus enseñanzas y lleno mi maleta de consejos, proyectos nuevos y mucho amor por la biología.

rahyza

Ella toma la mochila y carga el triple de su tamaño, mientras se adentra en el bosque,  recorre los senderos angostos y maneja diez redes niebla sola. Pero sobretodo pone el alma entera en hacer ciencia. Ha recorrido el mundo entero, porque el mundo entero merece que ella lo conozca. Hacer ciencia se vuelve más divertido y bello cuando tienes una compañera de viajes, una amiga en medio de la tormenta de bosque hipernuboso tropical, una maestra en medio de las crisis de tesis y un ejemplo cuando necesitas respirar para seguir. Que confortable saber que hoy las metas son más grandes y que lograrlas es síntoma de que no he fallado y que todo lo que ella ha invertido en mí, ahora da frutos.

Ella es mi maestra, mi mentora, la que me deja andar sola y me vigila para ayudarme si tropiezo. Me enseñó que: debo usar botas de goma con triple media, para que el golpe no sea duro, que no debo usar repelente para preservar la vida de las aves, que el agua de lluvia que cae en la carpa se puede usar para la sopa, aprendí que debo sorprenderme, porque la vida es siempre sorprendente, aprendí que si voy a colectar algo sea únicamente si voy a estudiarlo, pero sobre todo aprendí que para seguir esta profesión, mi prioridad debe ser la ciencia y que si estoy aquí debe ser con amor. Aún recuerdo el momento en que me aceptaron en el curso ETC-2020 y retumban en mí tus palabras: ¡Eres mi orgullo Rhay!. He salido del nido, estoy volando ahora, porque te vi volar, porque gracias a ti sé que el cielo es el límite. ¡Gracias!

San Valentín en el Parque Nacional Palo Verde

Por: Natalia Cóndor, Consultores asociados en naturaleza y Desarrollo, Perú

Y llega el 14 de febrero en el Parque Nacional Palo Verde, en el Área de Conservación Arenal Tempisque. Nos encontramos abarrotados de reportes por hacer, corregir y una propuesta de financiamiento por presentar. Pero, a pesar de todo, nos hacemos un espacio durante las actividades para preparar lo que serán los regalos para los amigos secretos que se entregarán por la noche.

En el curso de Ecología Tropical y Conservación, de alguna manera nos damos tiempo para todo. Me he dado cuenta que lo académico puede y debe ir de la mano con el entretenimiento. El ritmo de las actividades es tan intenso que no es posible enfocarnos solo en las actividades pendientes.

…pero siempre quedarán todas las experiencias vividas, los lugares y enseñanzas, los profesores que se volvieron amigos y nosotros, amigos para la vida.

Entre charlas y bromas el curso ha ido pasando, y esta noche de San Valentín, me di cuenta que no solo somos compañeros de curso, sino más bien amigos, muy buenos amigos. Para este momento del curso, ya todos nos conocemos bien y las risas nunca faltan, pues son muy necesarias para no morir en el intento de presentar a tiempo todo.

Los regalos y detalles que vi esta noche, demuestran los lazos de amistad que hemos ido forjando sin darnos cuenta. Esta es una de las últimas noches en Palo Verde y a pesar que todos estamos cansados siempre hay energía para seguir. Entre todos nos apoyamos y por qué no, nos reímos unos de otros y todos juntos.

La sensación de ir llegando al final del curso se va acrecentando pero siempre quedarán todas las experiencias vividas, los lugares y enseñanzas, los profesores que se volvieron amigos y nosotros, amigos para la vida.

Solo me queda agradecer por esta tan linda oportunidad y recomendar mil veces el curso. Es una de las más bonitas vivencias que he tenido.

El Viaje

Por: Mariana Hernández Soto, Instituto de Ecología (INECol), México

Algunos de nosotros llegamos a este curso inspirados en la experiencia de alguno de los profesores a los que tanto admiramos o porque un amigo cercano tuvo la dicha de venir a las tierras ticas y después nos contó lo maravilloso que fue.

Dos de las personas que más admiro en la academia y tengo la dicha de que estén involucrados en mi trabajo, pasaron por este curso allá por los 80´s recorriendo Costa Rica con la misma ilusión con la que hoy lo hacemos nosotros.

Me da la impresión de que este curso más allá de ser semillero de grandiosos científicos, es también una especie de pasaje que se replica en el tiempo y cada año se abre de nuevo para que otro grupo de maravillosas personas pasen a través de el y el a través de ellas.

Estamos a 5 días de terminar el curso y el cansancio y los pendientes comienzan a acumularse, estamos en la recta final y escribimos propuestas con la ilusión de que a la vuelta pueda concretarse el financiamiento y hacerse realidad la idea que nace esta noche.

Salí un momento a despejarme y mientras camino a la cafetería pienso en las noches tan estrelladas, en la luna con el conejo más grande y en los atardeceres tan cálidos que he visto en estos días gracias a los lugares increíblemente hermosos que el curso me ha permitido conocer.

El viento tan fresco que corre esta noche después de haber sido un día tan caluroso, es impresionante y también revelador. Me da la impresión de que este curso más allá de ser semillero de grandiosos científicos, es también una especie de pasaje que se replica en el tiempo y cada año se abre de nuevo para que otro grupo de maravillosas personas pasen a través de el y el a través de ellas.

Para mi este curso tiene un significado místico, hoy somos 16 afortunados los que comenzamos el viaje. Un viaje transformador no solo de mentes sino también de almas. Puede parecer extraño, pero realmente la energía que hay alrededor de todo este evento es indescriptible y la manera en que impacta la vida de las personas que pasan por aquí trasciende de manera inexplicable en todos sin importar la nacionalidad o los intereses.

Al iniciar este viaje solo queda pedir que el camino sea largo y nos alcance para concretar lo que soñamos y soñaremos. Que nuestro pensamiento y espíritu curioso no se doblegue ante la incertidumbre y los posibles obstáculos. Que no abandonemos nunca las ganas de seguir aprendiendo. Y que la ilusión que nos trajo hasta aquí viva siempre en nosotros y nos recuerde que, si es que hay una meta, lo importante es el viaje.

Ciencia LGBTQ+: Sí, ¡la identidad queer importa!

Por: Diego Centeno, Universidad Federal de Pernambuco, Brasil/Guatemala

Imagina dedicar gran parte de tu vida para la academia, pasando noches innumerables sin dormir, para llenar todas aquellas aplicaciones para un posgrado, para terminar tu tesis de posgrado o trabajar en aquella investigación que te ha llevado años y de repente todo cambia. Tu jefe, tu orientador o el director de tu programa te expulsa por el simple hecho de haber expresado tu orientación sexual o tu identidad de género.

Lastimosamente, dentro de nuestra sociedad heteronormativa, la academia científica puede ser un ambiente que coloque a científicos de minorías sexuales o de género en desventaja. Científicos de la comunidad LGBTQ+ pueden ser excluidos de participar en concursos para posiciones de posgrado o de trabajo por manifestarse como parte de la comunidad.

Estudios han demostrado que la mayoría de profesores de la comunidad LGBTQ+ en departamentos de ciencia se sienten incómodos dentro de sus departamentos, por expresarse como parte de la misma. De otro modo, estudiantes de pregrado de la comunidad LGBTQ+ tienen mayor probabilidad de no terminar sus estudios que los estudiantes heterosexuales cis-género, por causa de experiencias discriminatorias.

no hay nada más queer que la naturaleza” –Brigitte Baptiste

Personalmente, en una encuesta informal que realicé con mis compañeros del curso de Ecología Tropical y Conservación de la Organización para Estudios Tropicales, me gustó mucho saber que la mayoría, y en algunos aspectos todos, se han expresado en contra de la discriminación contra la comunidad LGBTQ+ y consideran importante más iniciativas que impulsen personas LGBTQ+ a dedicarse a la ciencia. Sin embargo, esta no es necesariamente la opinión de la mayoría de personas.

Es de urgencia normalizar la identidad queer dentro de la academia, no sólo para reducir la discriminación, sino para impulsar a actuales científicos LGBTQ+ que continúen generando conocimientos científicos y a niños para que sepan que se pueden dedicar a la ciencia y aportar grandemente a la generación de conocimientos. Esto se vería realmente afectado si la situación de discriminación no cambia.

Finalmente, es importante recordar que siendo la naturaleza tan diversa, tal y como lo diría Brigitte Baptiste, mujer trans ex directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos y actual rectora de la Universidad EAN, “no hay nada más queer que la naturaleza”.